Las Batallas por la Verdad

Por Javier de Rivera

El escenario mediático que se ha abierto con la proliferación de los blogs y sobre todo con Twitter, servicio de microblogging que dinamiza al extremo la difusión multidireccional de información, genera un nuevo tipo de fenómeno socio-cultural.

Me gustaría bautizarlo como “Las Guerras Clon” en referencia a la famosa película de Star Wars. Primero, porque al igual que en aquella película, en el nuevo sistema global las cosas no son nunca como parecen: la verdad se hace más escurridiza a medida que la sociedad se hace más compleja.
Y segundo porque en Twitter y los blogs la información se mueve por replicación de memes, por clonación de opiniones que hace, en cierta medida, que los actores de la contienda sean un poco como los guerreros clon de la saga… sujetos a los mandatos del flujo de información.

En lo concreto, no pretendo sugerir que los llamados ‘indignados’ sean clones que sirvan a intereses ocultos, no soy tan ‘aventurero’. Y en general me parece esperanzador el nuevo resurgir de los movimientos sociales que se nutre de las posibilidades comunicativas de los Social Media, pero mi postura (extra)crítica me obliga a mantener cierta (pretensión de) imparcialidad.

Con el concepto de Clon mediático me refiero más bien a la figura general del “opinador amateur” en Redes sociales y en Twitter en particular. A cómo nos inflamamos con las noticias que nos llegan y cómo reproducimos, a veces airadamente, opiniones. Algo que insufla cierto populismo a las nuevas revueltas de opinión de Twitter, como aquel famoso (y trivial) tema de los vuelos en primera clase de los Eurodiputados (lanzado desde abajo) o el linchamiento mediático de los controladores aéreos (lanzado desde arriba).

Pero no es de las Guerras Clon de lo que quiero habla ahora, sino de las Batallas por la Verdad que son la sal y la vida de las nuevas guerras virtuales de opinión. Porque detrás de todas las opiniones airadas y más o menos (des)informadas, que se rigen más por el prejuicio (literalmente: juzgar sin conocer) que por la investigación rigurosa, lo que se pone en cuestión es la definición de la verdad.

La VERDAD con mayúsculas puede ser un concepto filosófico inalcanzable, sujeto a interpretaciones y a la barrera insalvable de la subjetividad, pero la verdad de los hechos es algo más sencillo: tan sólo hacen falta datos fiables y ausencia de prejuicios y sesgos ideológicos.

Los medios de comunicación tradicionales reclaman con frecuencia su función de ‘transmisores fiables de la información’ de lo sucedido, son profesionales, conocen el trabajo, saben investigar y saben informarse. Pero se critica aún con mayor frecuencia su falta de impacialidad, puesto que dependen de intereses económicos, políticos, institucionales, etc. que en ocasiones afectan gravemente a su imparcialidad, e incluso les lleva a manipular informaciones o a esconder determinados discursos del gran público.

De modo que no podemos creernos a pies puntillas las versiones oficiales de los grandes medios, y por otro lado, el periodismo ciudadano tiene muchas carencias, principalmente la multiplicidad de informantes y, en muchas ocasiones, la falta de preparación de los mismos. Por eso, se hace necesario un nuevo tipo de periodismo que, no sé si será posible, combine la independencia institucional con la calidad profesional.

Para buscar la verdad no queda otra opción que investigar, algo que no está al alcance de la mayoría de la gente y que muy pocos saben hacer bien, con la rigurosidad y exhaustividad necesarias. Ir a las fuentes primarias requiere una dedicación muy difícil de alcanzar para el amateur, a no ser que esté organizado y en colaboración con otros. Si dependemos de las fuentes secundarias, lo que dicen otros que sucedió, tenemos que triangular constantemente la información, comparar, contrastar (que no es lo mismo que comprobar) y muy especialmente, hacer inferencias intuitivas que regulen el sesgo del informante.

Por ejemplo, si los manifestantes de Barcelona dicen que fue la policía infiltrada la que generó episodios violentos (el clásico de que son los policías los que ‘revientan’ las manifestaciones para poder cargar y dispersar), tenemos que imaginarnos cómo de fiables son sus testimonios… y si están basados en observación directa o en lo que les han contado (como aquello de la mermelada y Ricky Martin en un armario que había quien “lo había visto de verdad”). Vamos que podemos creer o no creer, pero realmente no tenemos prueba de nada, ni contamos con informantes garantizados, que es lo que deberían ser los actuales periodistas.

Esa es la cuestión… que al final, la opinión pública descansa sobre creencias e inferencias de información más o menos audaces sobre lo que sucede. Pensamos lo que nos cuadra y lo que no nos cuadra, pero no podemos ‘consensuar’ lo que pasó como algo fehaciente y a prueba de dudas.

Yo tengo mi versión de casi todo lo que sucede, por supuesto, y la considero una versión madura, lógica, estudiada, meditada… vamos, la caña. Pero no vale de nada si no la puedo ‘demostrar’ y si no la puedo comunicar y compartir como algo verídico, más allá de mi opinión.

Y es que, en cualquier caso, hasta la investigación más rigurosa y exhaustiva depende de la veracidad que otorguemos al informante… es una cuestión de confianza. Algo que sólo se puede superar si el ‘peso de la verdad’ deja de recaer tanto en el informante, el experto, el profesional, el periodista y pasa, en parte, a la propia información y la forma en que fluye: que la rigurosidad descanse en la red de comunicación y no tanto en los nodos, como sucedió con la falsa foto del cadaver de Osama Bin Laden.

Igual, si se extienden protocolos y formas de pensar que priorizan la búsqueda de pruebas y el compromiso con la verdad de los hechos (no con la que nos gustaría creer) podamos mejorar en este sentido.

Algunos ejemplos para lograr esto:

- Contrastar hechos en la medida de lo posible, con una búsqueda online.
- Evitar que las cosas nos inflamen, pensar con calma.
- No dar bola a informaciones con lenguaje tendencioso, como “la maldita policía” ha hecho tal cosa.
- Buscar las fuentes: quien dijo qué y donde.

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One Comment

  1. admin
    Posted June 19, 2011 at 6:20 am | Permalink

    Editado: he editado algunos párrafos del texto que me parecían excesivos.

One Trackback

  1. [...] discusiones – batallas por la verdad – en Twitter pueden resultar muy frustrantes, y el tono de los insultos puede ser bastante [...]

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