Agarraditos… a la sensación de vivir

Por Javier de Rivera

Nuestras relaciones son lo que nos agarra a la vida, lo que da sentido a nuestra existencia. Importar es importarle a alguien. Y este intercambio de reconocimientos, más o menos recíprocos, es lo que nos salva de la sensación de no importar, de no ser nada. La experiencia de gustar y de atraer a otros que nos estimulan con su mirada y su atención es lo que nos da la “sensación de vivir”. Sin embargo, “gustar” y “atraer” puede llevarnos a un juego tan superficial y estúpido como el que describían en la famosa serie juvenil de los 90.

Según el modo en que nos relacionemos y el círculo de personas con el que lo hagamos cambia también nuestra percepción y sentido de ser. Estos cambios suceden de forma casi automática, cuando pasamos de entorno a otro. Y cuando nos quedamos aislados por un momento, podemos esa sensación-descripción de quienes somos, por lo que tendemos a recrear mentalmente la relación con “otros”, especialmente con aquellos que tenemos interiorizados como referentes.

En los vínculos fuertes la relación con el otro está interiorizada, dándonos un sentido fuerte de lo que somos. Aunque cambie el escenario, podemos sentir su mirada, animándonos o juzgándonos. Y en las relaciones de compromiso -que no son lo mismo que las fuertes- nos habituamos a la rutina con otras personas, “compartimos nuestra vida” con ellas, modelándonos poco a poco unos a otros en la definición de quienes somos.

Internet nos permite exponernos a un gran dinamismo de relaciones y de impresiones, podemos establecer “vínculos débiles” con multitud de personas, y exponernos a un juego interminable de intercambio de información y de reconocimientos más o menos explícitos, y más o menos mecanizados, para re-construirnos desde otras miradas.

La exposición a estas nuevas miradas y reconocimientos nos desvincula de nuestras relaciones más “fuertes” fuera de la Red. Muchas veces es una bendición poder salir de los entornos más o menos opresivos y limitantes de los círculos sociales que nos rodean: familia, trabajo, barrio, etc. y poder conectar con gente con la que compartir intereses que nos mueven mucho más dentro.

Pero esa conexión es débil, y por muchos likes, retweets, favs y caritas que nos intercambiemos, la “persona” está más allá del perfil. La mediatización de la relación filtra la conexión directa, y con frecuencia proyectaremos en esos nuevos contactos nuestros fantasmas e ilusiones, que pueden no ser falsas, pero tampoco serán reales si no se “realizan” en una interacción tangible.

En el contacto directo cualquier relación gana mucho en sentido y en valor, pero tampoco podemos idealizarlo como la panacea de la felicidad y la comunidad. Si fuera la solución, no habríamos si quiera empezado la andanza digital. Además, el contacto en persona también está mediatizado por la cultura y por otras formas de tecnología: la ropa, el lenguaje, los prejuicios, etc. Es imposible escapar de las construcciones culturales y las tecnologías como mediadoras de las relaciones.

Estas mediaciones tienen particularidades muy novedosas en los Servicios de Redes Sociales, como la mecanización del refuerzo positivo (me gusta y favs) que devalúan el valor del reconocimiento, y lo convierten en un acto sin esfuerzo y sin matices, cuantificable y falto de contenido. Pero las relaciones digitales también facilitan superar prejuicios (siempre que lo intentemos) y vencer miedos paralizantes para poder ser más como nos sentimos o queremos ser.

La respuesta a este conflicto lógico estará entonces en tratar de buscar formas culturales y tecnológicas que mediaticen nuestras relaciones, en la red y fuera de ella, de maneras que nos permitan “agarrarnos” y “tocarnos” mejor, para ser más. Y además, también para tener más capacidad de reacción ante las tendencias idiotizantes que nos alienan con intereses y motivaciones que no son las nuestras.

* Nota: he editado los párrafos del principio, sobre todo la referencia a la serie de los 90 y el inicio del segundo párrafo.

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2 Comments

  1. RICARDO RUBIO SANCHE
    Posted May 1, 2015 at 9:57 am | Permalink

    estamos agarraditos a la cercanía, a la glocalización, al estar en un mundo global con un pensamiento local.

  2. admin
    Posted May 1, 2015 at 1:56 pm | Permalink

    exacto. gracias por el comentario. 😉

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