Identidad, representación y esencias en las comunicación on-off line

Por Javier de Rivera

Este post viene en respueta al comentario de Ariel Markdof en el post: Las redes sociales y el contacto emocional

Identidad: representación y esencias

Javier de Rivera: “cuando nos mostramos e interactuamos en las redes sociales entramos en un juego de representaciones, de interacciones mediadas por representaciones abstractas de quienes somos”

Ariel Markdof: ¿Se diferencia tan tajantemente de lo que sucede en los contactos cara a cara? Creo que la identidad no es nunca una esencia fija, sino que asumimos siempre un tipo de representación según el contexto y los condicionamientos psicológicos, históricos, sociales, etc., que está en constante cambio y fluidez. No hay un acceso directo al otro ni a uno mismo. Solo representaciones.

La respuesta más rápida es que en la comunicación mediada por la tecnología todo tiene que ser traducido en términos culturales -texto, imagen, vídeo, etc- mientras que en el cara a cara, la profundidad de lo que se transmite es infinitamente más compleja, pues en el contacto directo el cuerpo emite un montón de señales que no pueden ser codificadas: el olor, la vibración del tono de voz o la respiración, la posibilidad de tocar, etc. Esos elementos están más allá de las representaciones porque nos transmiten información inconsciente que nos afecta de una forma mucho más sutil y directa que el texto o las palabras concretas. Junto con ello, la experiencia de compartir el mismo espacio implica una serie se sensaciones y respuestas emocionales que no existen con la misma intensidad en la comunicación mediada.

Por otro lado, la respuesta más larga tiene que ver con el concepto de identidad. Hace tiempo se me ocurrió definir la identidad como aquello que construimos para vincularnos y comunicar con los demás, algo así como el interfaz que creamos para los demás. Es una construcción que en parte hacemos y en parte viene definida por cómo somos, que es necesaria para que el otro pueda reconocernos, “identificarnos” como algo con lo que relacionarse. Así que, coincido con Ariel en que la identidad no es una esencia fija, y quizás ni siquera es una esencia en absoluto, sino una formalidad -una representación- que muchas veces se presenta como esencial.

En la comunicación se pone en juego algo más que las representaciones y las identidades sociales de lo que somos, hay un cierto elemento de contacto existencial que no se puede reducir a éstas, y que tiene una relación más directa con los sentimientos, las sensaciones y las necesidades. El término “esencia” es un poco controvertido, porque hace referencia a lo que realmente se es, y por lo tanto está más allá de la definición… y por lo tanto es incómodo tratar con el término a nivel teórico. Sin embargo, la capacidad de percibir, sentir, valorar y tener experiencias, precisa de la existencia de algo más allá de la identidad, y que es lo que en el fondo da sentido a la comunicación (y a la experiencia).

Entiendo que cuando Ariel dice que “no hay un acceso directo al otro ni a uno mismo”, se refiere a que todo el acceso esta mediado por las representaciones. Sin embargo, aunque usemos las palabras y las representaciones para conectar y acceder al otro y a uno mismo, tiene que haber también formas de experimentar (o conectar) con nosotros y los demás, a través de sentimientos, empatía, etc. De no ser así, las representaciones estarían condenadas a no tener ningún sentido (¡que también podría ser!)

Estigmatización de los vínculos por Internet

Ariel: ¿no se estarán estigmatizando los vínculos establecidos en internet, de manera reaccionaria, e idealizando los contactos cara a cara? Pienso, por ejemplo en contactos por Skype entre personas obligadas a la distancia, con llantos u otras emociones que dudaría de calificar de virtual, en contraposición a contactos cotidianos superfluos cara a cara sin profundidad emocional.

Puede ser, pero más que estigmatizar, lo que me interesa a mí es destacar sus limitaciones, cómo filtran una parte del contacto que creo que es muy necesaria. Por supuesto, quien está obligado a la distancia tiene que conformarse con lo que pueda, y ya está. Probablemente todas estar personas preferirían poder verse, tocarse y olerse, por lo que sería absurdo pretender que no pasa nada porque pueden ver la representación en directo de la imagen del otro en una pantalla y oir la decodificación de su voz por el altavoz.

Por otra parte, Internet permite establecer vínculos con todo tipo de gente, por lo que se superan la limitación de los códigos culturales en las relaciones cara a cara. Es decir, a costa de aumentar el nivel de abstracción de las comunicaciones (más representación formal) en la comunicación online, se lograr una mayor libertad en los códigos a utilizar. Eso es un recurso muy interesante, pero hay que tener en cuenta sus costes (que se pierde la sensación del contacto directo, concreto, menos abstracto), para compensarlos de algún modo.

Relacionado con esto, está la cuestión que plantea Ariel en la comparación entre contactos intensos mediados por la tecnología y los superfluos que se producen en el cara a cara. Cómo él mismo apunta, en la vida cotidiana de los encuentros en persona también está regida por representaciones, por lo que la libertad de códigos que permite el espacio online habilita contactos más íntimos y significativos. Esto es algo que también sucedía en la comunicación por carta: pensemos por ejemplo en las cartas de amor románticas o las profundas discursiones personales y teóricas entre intelectuales.

Es decir, que es posible conectar con el otro a un nivel más profundo en la distancia a través de palabras, representaciones o imágenes producidas por ordenador; pero me da la intuición -y por ahora es solo una intuición- de que para tener (o sentir) la confirmación de que el otro realmente nos está entendiendo y sintiendo las cosas con nosotros, nos hace falta el contacto material directo que nos permite el vernos en persona.

 

 

 

 

 

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3 Comments

  1. Ariel
    Posted April 10, 2016 at 3:07 am | Permalink

    Hola Javier. Me sorprendió gratamente el tiempo y el espacio que dedicaste a responderme. Te lo agradezco. Te pido disculpas en haberme demorado en responderte nuevamente, pero no lograba encontrar el momento. También me disculpo si estoy abusando de tu amabilidad ocupando nuevamente tu espacio. Sobre lo que escribiste debo decir que nuevamente no coincido demasiado, salvo algunos puntos de encuentro (sobre un cierto anti-esencialismo). Antes que nada quisiera aclarar que no tengo intención de hacer una defensa de nuevas tecnologías, por el contrario pienso que hay que ser tan críticos y conscientes con ellas como con otras más tradicionales. No dejarse llevar por los automatismos de las promesas de sus usos beneficiosos o por las necesidad de ser incluidos en lo que todos participan. Sin embargo, para que ser críticos no sea un cliché sino un análisis responsable, debemos fundamentar lo que sostenemos y contrastarlo en el campo social. De otra manera, solo estaremos opinando y corriendo el riesgo de prejuzgar. Me parece importante destacar que no creo que sea lo más adecuado hablar de determinada tecnología o aplicación tecnológica en general. No es posible separarla de sus implicancias sociales, históricas, culturales, políticas, económicas, psicológicas, etc. Pero sobre todo, no puede dejar ser tenidas en cuenta en cada situación y contexto particulares puestos en juego. Las tecnologías en sí mismas no son ni buenas ni malas. Pero tampoco es simplemente una cuestión de cómo se las usa; no son neutrales y suponen ciertas cuestiones específicas. Es bastante complejo. Pero sin dudas no se reduce a una falsa dicotomía entre los “apocalíticos e integrados” a los que hace referencia Eco. Me parece apropiado tomar distancia tanto de aquellos que se enfocan en sus virtudes y las describen como vehículos que nos llevan al futuro (los vehículos tienen un límite de capacidad y algunos se deben quedar abajo esperando su turno; también hay servicios diferenciales si se paga lo suficiente), como también de los que las plantean como una amenaza de la que nos deben proteger y que justifica ceder un poco de nuestra seguridad para sentirnos más seguros (es llamativo como siempre que aparece una técnica o medio nuevo hay reacciones conservadoras que plantean el terror de forma parecida: la fotografía iba a acabar con la pintura, la TV o el cine con los libros, los libros con la oralidad, internet con la lengua y la ortografía y ahora las redes con el contacto físico). Cuando ponía el ejemplo de skype no era para comparar que cosa era mejor que la otra sino que no depende de sus aspectos técnicos la profundidad o complejidad de lo que el encuentro con el otro provoca, ya que como te mencionaba hay ilimitadas posibilidades entre las que se puede ubicar un contacto mediado por internet, por carta o por teléfono (también de este aparato se dijo lo mismo que hoy se dice del chat y similares) de profunda emoción y que tenga más llegada que un contacto cara a cara. Esto no quiere decir que siempre sea así ni que sea mejor, solamente que no se reduce a la cuestión técnica o funcional. No estoy de acuerdo en la acepción de “cultural” que utilizas; justamente en que sea cultural es uno de los motivos principales de que sea tan complejo e ilimitado en sus potencialidades el contacto comunicacional entre sujetos, ya sea mediado por tecnología o personal. Por último, no me quedé conforme con mi propia definición de identidad en un aspecto que me gustaría ampliar. Tanto en la construcción identitaria como en la construcción de sentido no hay un fluir absoluto y constante. Hay un “punto de anclaje” o “punto de acolchado”; es una idea que Laclau toma del psicoanálisis para explicar como el sentido se detiene en uno de sus infinitas posibilidades y arma retrospectivamente el significado. Esto se relaciona con el concepto gramsciano de hegemonía, ya que el sentido que se impone es el resultado de una lucha cultural desigual. Lo mismo sucede con las identidades y el resultado entre los que nos imponen desde afuera y en lo que buscamos (de manera condicionada) afirmarnos.
    Hasta acá mi respuesta por ahora. Seguimos leyendo con mi compañero de tesina y seguramente más adelante empecemos con entrevistas, encuestas y tutorías. Te mando un abrazo y aunque esté digitalizado espero que de todas maneras te transmita algo no “algoritmizable”.

  2. admin
    Posted April 10, 2016 at 2:37 pm | Permalink

    Ariel, es un gusto contar con tus comentarios.

    Sin embargo no entiendo muy bien tus críticas o desacuerdos con lo que transmito en el post. No sé si lo dices por mí, pero no creo que en lo que hago haya clichés o prejuicios, sino que más bien hay un prejuicio en desconfiar de todo el que analiza con distancia crítica las nuevas tecnologías; no por tí, sino en general. Así han criticado injustamente a Mumford, Winner, Noble, etc.

    Lo que digo es que el medio afecta a las posibilidades de la comunicación, y que en el caso digital la vuelve más abstracta, lo cual da mas libertad a la hora de comunicar lo que se quiera, pero filtra elementos más “existenciales” del mensaje o del contacto. Eso es más un análisis que una opinión… es obvio que el olor, los gestos, el tono y un montón de aspectos inconscientes de la comunicación no se pueden comunicar más que en el cuerpo a cuerpo.

    En la comunicación a distancia hay también un elemento que es que no se comparte el mismo espacio vital. A veces no hace falta hacer nada, simplemente estár con alguien al lado ya hay comunicación. Por eso buscamos sitios donde encontrarnos con gente, aunque sean desconocidos con los que no hablamos.

    Lo de que también se alarmaron con las tecnologías previas (el coche, la televisión, etc) y que luego no pasó nada, es algo que he oído muchas veces para neutralizar la crítica de las nuevas tecnologías. Sin embargo, lo cierto que todas esas tecnologías han modificado radicalmente el mundo social, las prácticas y el pensamiento, en muchas ocasiones cumpliendo las alarmistas previsiones de sus críticos. Los coches, por ejemplo, destruyeron las formas de vida previas de las ciudadan, modificando completamente los patrones de vida y crecimiento urbano (desde los años 50-60 especialmente), por eso ahora en todas ciudades avanzadas se buscan formas de intentar recuperar los espacios sin coches.

    Lo que pasa es que nos hemos acostumbrado, y hemos olvidado (porque nunca lo vivimos) como era el mundo sin coches, teléfono, televisión, etc. También ganamos otras cosas, por supuesto, por eso el mapa no tiene que ser de blancos y negros, o de “apocalípticos e integrados” (coincido en que hay que superar ya esa dicotomía). Quizás el verdadero interés no está tanto en las tecnologías en sí mismas, sino en las fuerzas y tendencias sociales que hay detrás de ellas… ¿qué modelos de empresa y de gobierno potencian y auspician determinadas formas tecnológicas? – El libro de winner (un viejuno crítico, al que los modernos odian y desprecian a partes iguales) es bastante interesante al respecto.

    Por último, estoy de acuerdo en que un contacto por skype, carta o telegrama puede comunicar más que en persona, pero eso lo achaco a la particularidad de la relación entre esas dos personas, no a que el medio no afecte a su comunicación; pueden tener un gran contacto “a pesar” de que algunos aspectos de su comunicación se filtren.

    Nos leemos!
    Gracias y un abrazo.
    Javier.

  3. Ariel
    Posted April 10, 2016 at 3:23 pm | Permalink

    Hola Javier! que bueno que te haya gustado mi participación. Justamente me había quedado un breve (pero que me parece importante) detalle que pensaba ponerte a modo de postdata de mi anterior comentario. Previamente, quiero decir que no era dirigido a vos la cuestión del prejuicio o cliché. O en todo caso es tan dirigido a vos como a mi o a cualquier otro que estudie estas cuestiones. A lo que me refiero es a que tenemos que tener mucho cuidado y en alguna instancia, contrastar lo que teorizamos o planteamos como hipótesis. Esto no quita que se nota que hay mucha reflexión, trabajo y fundamentación teórica en lo que plateas, a pesar de que no concuerde en algunas conclusiones. Este cuidado o responsabilidad que tenemos que tener se relaciona, para mi con lo polémico y cotidiano que es el objeto de nuesto estudio. Son aspectos cotidianos muy presentes y con gran apego emocional e identifocatorio, sobre los que todos tienen una opinión. Esto lo debes notar en las reacciones que provocan tus artículos. Pienso en el comentario bastante agresivo que recibiste en “Análisis sociológico del Me Gusta”.
    Ahora sí, lo que tenía ganas de plantearte sobre tu diferenciación entre el cara a cara (que también es siempre mediado por representaciones) y la comunicación mediada por tecnologías digitales, es que no tiene que ver con las sensaciones en sí mismas y su limitación de ser transmitidas o codificadas. Sin dudas en cada instacia se pesentan particularidades bin diferentes, pero no creo que vaya por ahi la cosa. Y de hecho ya había escuchado que se está trabajando y ya se puede transmitir olores y tacto. Todavía de manera muy burda pero seguramente mejorará técnicamente.
    Este es el link que encontré al respecto:
    http://elarcondeqala-olivia.blogspot.com.ar/2013/11/el-internet-multi-sensorial-trae-olfato.html

    Otro abrazo!

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