Sexualidad en la era Cyborg

Fragmento de DUNE – La Yihad Bulteriana de  BRIAN HERBERT y KEVIN J. ANDERSON

“Con tanto odio agazapado en su mente, Agamenón tomaba precauciones especiales cuando Omnius estaba en condiciones de espiarle. Esto significaba casi siempre, y en casi todas partes, incluso cuando Agamenón y Juno practicaban el sexo con apasionamiento. Al menos, lo que pasaba por sexo entre los titanes.

Para consumar su cita, cuerpos móviles transportaban a los dos cimeks hasta una cámara de mantenimiento situada en el pabellón de control de la Tierra. Estaban rodeados de tubos llenos de líquidos nutritivos, que serpenteaban hasta depósitos de almacenamiento colgados del techo. Servidores robot se trasladaban desde generadores de mantenimiento vital hasta bancos de análisis, obtenían datos de los mentrodos, vigilaban que todos los sistemas se mantuvieran dentro de los parámetros normales.

Agamenón y Juno conversaban en una banda de onda corta privada, giraban sus respectivos sensores y enviaban descargas a los mutuos mentrodos mediante el electrolíquido. Una especie de estimulación erótica previa al acto sexual. Aun sin cuerpo físico, las mentes cimek podían experimentar un intenso placer.

Elevadores automáticos desengancharon el contenedor cerebral del cuerpo móvil de Agamenón, y después depositaron el núcleo pensante sobre un pedestal de cromo, al lado del contenedor que albergaba el cerebro de Juno. Gracias a las fibras ópticas y las pautas comparativas electrónicas, reconoció los pliegues y lóbulos de la mente de su amante. Todavía hermosa después de tantos siglos.

Agamenón recordó su pasada belleza física: pelo color obsidiana con reflejos azulinos, nariz puntiaguda, cara estrecha, cejas que se arqueaban de una manera misteriosa. Siempre le recordaba a Cleopatra, otro genio militar perdido en la bruma de la historia, como el primer Agamenón de la guerra de Troya.

Mucho tiempo antes, durante el destello de tiempo en que había llevado un frágil cuerpo humano, Agamenón se había enamorado de esta mujer. Aunque Juno era muy deseable desde el punto de vista sexual, le había atraído su mente antes de conocerla en persona. Primero, había reparado en ella en una compleja red virtual, gracias simulacros tácticos y juegos de guerra que había practicado con los dóciles ordenadores del Imperio Antiguo. En aquella época los dos eran adolescentes, cuando la edad importaba.”

Este fragmento de La Yihad Bulteriana de la Saga DUNE es muy interesante como reflexión sobre la naturaliza de la sexualidad y la líbido asociada a nuestra condición humana de cyborg.

El cyborg es la combinación de organismo biológico con cibernética, es decir, organismos mejorados tecnológicamente. Se empezó a hablar de ello en una conferencia de la NASA como posibilidad de futuro para adaptar a los astronautas a las condiciones de otros planetas.

Más tarde, vino Donna Haraway para decirnos que todos somos cyborgs, porque estamos modificados y mejorados por vacunas, operaciones, y otros complementos tecnológicos.  Además, le dió al concepto un mayor calado social y epistemológico, invitándonos a reflexionar sobre la naturaleza híbrida (tecno-biológica) del ser humano, que se constituye por intermedio de la tecnología (desde la mano prensil de los primates hasta nuestros días).

Chris Gray, Steven Mentor y Heidi Figueroa ayudaron a desarrollar más este concepto, desarrollando la cyborgología (o cyborgology, que en inglés siempre suena mejor) como el estudio de esta relación constitutiva entre humano y máquina. El Cyborg Mundano es otro concepto presentado por Mentor en el que nos muestra cómo en nuestro día a día existimos a través de nuestra hibridación con las máquinas externas: el coche que potencia nuestra movilidad, el teléfono móvil que está siempre con nosotros o nuestras cuentas digitales en Internet que son ya parte de nuestra identidad social.

Este fragmento de novela, narra la relación sexual (lo más biológico e instintivo que hay) entre dos cymeks – cerebros humanos que viven en tanques de líquido y se manejan a través de maquinas – describiéndonos la verdadera naturaleza ‘mental’ de la sexualidad. Bien es cierto que el texto la relaciona con aquél pasado en que fueron ‘humanos’ (su bella cabellera, etc), pero de fondo se transmite la esencia del sexo como estimulación mental, más que como impulso sexual guiado por la reproducción biológica.

El Manifiesto Cyborg de Dona Haraway también hace referencia a cómo el cyborg afecta a las distinciones de género, desde una perspectiva feminista y acorde con la teoría queer, según la cual la atribución de género y filiación sexual es en gran parte social (o mental) y no tiene necesariamente que ceñirse a las regulaciones de base biológica, tanto más cuando el avance del cyborg reduce la importancia de las limitaciones biológicas.

Este texto me impresionó por la belleza de la relación mental, que aunque se anima con imágenes se género (lo guapa que era la chica antes, etc), pasa a representar cómo es la persona desligada del cuerpo, como puro “sujeto mental”.

Además, tiene el añadido de que menciona la vigilancia de Omnius, una IA todopoderosa que les controla, lo que nos sirve también como recordatorio del poder de control de las tecnologías digitales y cómo el ‘empoderamiento’ de la tecnología que nos permite superar nuestra limitación humana (para movernos, hablar, pensarnos, existir) se acompaña también de posibilidades infinitas de control y dominación.

En general el libro es bastante recomendable, como todos los de la saga DUNE, porque nos describe el inicio del mundo recreado por Frank Herbert. La ciencia-ficción, cuando es buena, puede servirnos para experimentar con imágenes y sucesos que magnifican nuestra realidad cotidiana, permitiéndonos a veces representar mejor la naturaleza de nuestras circunstancias.

Comentario por Javier De Rivera.


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