Tinder y el se√Īuelo digital

Por Javier de Rivera

tindersheTinder es una aplicaci√≥n m√≥vil para ‚Äúconocer gente‚ÄĚ (ligar) que funciona mostr√°ndote fotos de personas que se encuentran cerca. Pasando las fotos, eliges qui√©n te gusta y qui√©n no, y cuando eres correspondido por alguien, su imagen aparece en una secci√≥n especial de ‚Äúmatches‚ÄĚ donde puedes chatear con esa persona.

Llegar a esa segunda fase implica que tenemos que convertirnos en usuarios activos. Para ser correspondidos antes tenemos que haber dado ‚Äúme gusta‚ÄĚ a otros usuarios. El tiempo que tardemos depende de nuestro atractivo, pero tambi√©n de la cantidad de personas que hayamos seleccionado: cuantos m√°s personas ‚Äúte gusten‚ÄĚ m√°s posibilidades tienes.

En esta inquietud por ser correspondido, el usuario se ve seleccionando con el dedo a izquierda y derecha imágenes de personas que no conoce. El movimiento que se vuelve mecánico, como un trabajo de procesamiento emocional de datos. Si haces un esfuerzo de imaginación puedes sentir cómo tus gustos se van almacenando en bases de datos, que con ayuda de programas de reconocimiento facial podrán calcular los algoritmos que determinan el atractivo sexual.

En gran medida, las ‚Äúmultitudes inteligentes‚ÄĚ de las redes sociales est√°n formadas por usuarios movidos por un ansia de gustar y de ‚Äúconectar‚ÄĚ que les hace vulnerables a estas din√°micas de explotaci√≥n cognitivo-emocional. En una sociedad cada vez m√°s atomizada, el atractivo de contar con una aplicaci√≥n tecnol√≥gica que r√°pidamente (o m√°s bien, mec√°nicamente, porque r√°pido no es) es tal que resulta dif√≠cil sustraerse a √©l.

La institucionalizaci√≥n t√©cnica del procedimiento para ‚Äúconectar‚ÄĚ y ser correspondido es una forma muy c√≥moda de canalizar la ansiedad de la b√ļsqueda y de invitar a la gente a salir de su aislamiento. Este es el se√Īuelo por el que este tipo de pr√≥tesis tecnol√≥gicas nos seducen para que les cedamos alegremente nuestros datos y ‚Äúalgoritmos del gusto‚ÄĚ.

Tinder es en realidad una herramienta para alimentar bases de datos de geolocalizaci√≥n y de percepci√≥n del atractivo f√≠sico, un conocimiento que puede ser extremadamente √ļtil para el dise√Īo de campa√Īas de marketing, de selecci√≥n automatizada de personal, o de cualquier otro experimento de manipulaci√≥n social.

tinderheSolo se puede acceder a la aplicación a través de Facebook, lo cual implica un interés en conocer las identidades reales de las personas; no tanto su nombre concreto, sino quienes son en términos de edad, sexo, clase, grafo social, etc..

A nivel subjetivo, la mecanicidad con la que pasamos las fotos puede resultar liberadora, mientras nos imaginamos que estamos abriendo la puerta a nuevas posibilidades y nos sentimos m√°s ‚Äúdue√Īos‚ÄĚ de nuestro destino. En cierto sentido, cosificar al otro -tratarlo m√°s como imagen que como persona- nos libera un poco de la ansiedad del rechazo. Y a la larga aceptamos que es necesario saber ‚Äúpromocionarse‚ÄĚ y ‚Äúvenderse bien‚ÄĚ con fotos que muestren nuestras virtudes f√≠sicas y nuestro atractivo social (coche, yates, viajes, playas, fiestas, mojitos…).

No se trata solo de la explotación del trabajo cognitivo-emocional del usuario que selecciona interminablemente a personas en función de su atractivo, sino que además afecta directamente a nuestras prácticas relacionales y a nuestra autopercepción.

En este tipo de aplicaciones los hombres tienen un incentivo para intentar ligar en masa, lo que facilita a su vez que las mujeres se reafirmen en su condición de sujeto-objeto de deseo. De este modo, estas plataformas afectan al modo en que se configura la identidad social-sexual de sus usuarios, por medio de las normas y valores de interacción que les animan a seguir.

Esto ya sucedía en otros espacios, como las discotecas de ligoteo, la diferencia es que en la plataforma digital existe un control pormenorizado de los patrones de interacción, así como una capacidad -y un interés- superlativo en la gestión de los datos que producen los usuarios; y éstos, movidos por sus necesidades emocionales, se sienten impulsados a aceptar las normas, procedimientos y valores relacionales que se les proponen.

Respecto a los valores culturales y relacionales que promueven este tipo de plataformas, el vídeo promocional de Tinder resulta muy ilustrativo:


Es una representaci√≥n sin igual de “La Jovencita como dispositivo pol√≠tico compacto”, tal y como la describen en la Teor√≠a del la Jovencita, de Tiqqun:

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