A continuación reproduzco la entrevista que me hizo Macarena Navarro Galdón para la realización de su TFG en la Universidad Carlos III sobre las aplicaciones de citas online, especialmente Tinder, que es la más difundida. Es una entrevista muy buena porque sus preguntas demuestran que ha estudiado el tema previamente y profundizado en las cuestiones que tiene interés en preguntar. Yo aporto lo mejor que sé a sus cuestiones. Espero que le sirvieran para su TFG y que lo pueda publicar aquí mismo cuando lo entregue.
Pregunta 1. Las aplicaciones de citas online (y especialmente Tinder) se presentan como un medio para facilitar las relaciones entre personas, apoyando este discurso en funcionalidades como la geolocalización. Sin embargo, a veces vemos como estas mismas funcionalidades se convierten en herramientas de marketing y de personalización publicitaria gracias a los datos personales que los propios usuarios dejan en la aplicación. Teniendo esto en cuenta, ¿Realmente hablamos de una herramienta de comunicación o de una herramienta de marketing que funciona en un doble sentido (es decir, tanto “vendiendo personas” por el funcionamiento de la app como “vendiendo a personas” al tomar los datos de los usuarios y personalizar los anuncios que les impactan)?
Si. La aplicación hace de las personas “un recurso” en ese doble sentido: por un lado, un recurso consumible por otros/as usuarios/as en términos de acceso a los cuerpos; y por otro lado, como recurso de información, de producción de datos, para rentabilizarlo de otros modos. El mercado de datos puede tener aplicaciones muy variadas. Las más sencilla y directa de entender es la de personalizar anuncios, pero además permiten otro tipo de estudios que pueden modelizar el comportamiento humano para muchas otras aplicaciones… La cuestión es que lso estudios que se hacen al respecto no son públicos, por lo que no sabemos hasta qué punto Tinder se puede estar usando, por ejemplo, para nutrir algoritmos que analicen el atractivo humano.
Por eso, lo más sencillo es que se use para hacer profiling de los usuarios, lo cual es posible porque conectan la aplicación con otras redes en las que hay más información, o porque dan otros datos, como el número de teléfono. Estos perfiles psicológicos pueden permitir, como bien dices, adaptar la publicidad a ellos: por gustos, horarios, geolocalización, etc.
Además, en concreto las redes para citas online tienen la particularidad de permitir saber mucho de las personas, que expresan de un modo más abierto sus preferencias. Tinder no tanto, pero redes como Ok Cupid hacen encuestas a los usuarios para encontrarles un match, y de paso extraen mucha información valiosa de sus gustos, valores, hábitos, etc.
Pregunta 2. En relación con esto, las aplicaciones de citas se presentan como una oportunidad para las personas que no tienen tiempo de “ligar en la vida real” (entendiendo “vida real” como un contexto presencial). ¿Crees que el tiempo que los usuarios dedican a establecer relaciones de manera online también los aísla de la posibilidad de establecer una “en la vida real”? O lo que es lo mismo, en el momento en el que conocer gente de manera online en nuestro escaso tiempo libre se convierte en lo habitual, ¿Se convierten las relaciones sociales románticas de manera presencial en “la alternativa”?
Las aplicaciones de citas online tienen dos efectos sobre la vida relacional. El primero es el crear el hábito de buscar relaciones de forma directa en una aplicación, en vez de por las vías indirectas de tener una vida social en la que se conocen personas con las que eventualmente se establecen relaciones románticas, amorosas o sexuales. Esto modifica el modo de entender las relaciones amorosas o sexuales, convirtiéndolas en un objetivo directo: “busco un hombre/mujer que sea x, y, s…”, y enfatizando el carácter contraactual de este tipo de relaciones: “soy así y doy esto, a cambio quiero esto y aquello”. Es decir, individualizando y fragmentando aún más la vida relacional. Pero como dices, esto es también un signo de los tiempos, en los que hay menos tiempo y más necesidad de conectar, por lo que en cierto sentido ofrecen un servicio que es útil, aunque a la larga puede incrementar la fragilidad de las relaciones sociales en general, y de las amorosas y/o sexuales en particular.
Por otro lado, el segundo impacto de estas redes sobre la vida relacional viene del modo en que están diseñadas, el tipo de comportamientos, valores y hábitos que potencian. En general su carácter comercial, orientado a la explotación de la necesidad emocional-sexual de las personas, incrementa los efectos negativos que tienen sobre la vida relacional. Por ejemplo, en Tinder el atractivo de la aplicación es la capacidad de acceder a muchas personas y valorarlas sencillamente con un Si o un No, cosificándolas, y reduciendo todo su valor a un “me gusta” o “no me gusta”.
Pregunta 3. Además, al aceptar que no tenemos tiempo para conocer a gente en nuestro día a día por falta de tiempo, ¿Justificamos los mecanismos sociales y económicos que justamente nos llevan a ello?
Al menos indirectamente sí. La cuestión aquí viene de la contradicción entre las estrategias para satisfacer la necesidad individual y las estrategias colectivas para actuar sobre procesos sociales y económicos. El uso de estas aplicaciones viene motivado por la soledad o la necesidad de conectar afectiva y/o sexualmente con otras personas. Son un medio que puede ayudar a paliar y satisfacer esa necesidad individual, aunque frecuentemente lo hace de forma deficiente o incluso lo agrava generando sensaciones de malestar y frustración. Sin embargo, colectivamente o socialmente, escoger este medio para satisfacer esta necesidad tiene el efecto de reforzar el funcionamiento de los mecanismos sociales y económicos sobre las que se asienta.
Pregunta 4. La imagen y especialmente la imagen propia, la forma en la que un usuario se presenta tanto en su perfil como en sus redes sociales se vuelve más fundamental que nunca en la búsqueda de una relación online. ¿Estamos convirtiendo nuestra intimidad en un espectáculo? ¿Pasa a ser el deseo propio y el placer por ser aceptado más importante que el deseo al “otro”?
Pues si, la representación de la persona se vuelve algo más estereotipado y premeditado, menos intuitivo. Hay estudios, por ejemplo, del tipo de fotos que se hace la gente en estas aplicaciones: las fotos de viajes para demostrar que se tiene poder adquisitivo o un estilo de vida aventurero, las fotos sexis, las fotos haciendo algo que se considera socialmente valioso… La representación de nosotros/as mismas/os se convierte en un producto cultural que tenemos que aprender a crear. Saber tomarse fotos se convierte en una habilidad social más.
En las redes de citas no creo que sea tanto que la intimidad se convierta en un espectáculo, como sí lo es en Instagram y otras redes sociales, donde la popularidad espectacular es más explícita. En este caso, más bien, es la red la que entra en la intimidad convirtiéndose en mediadora del modo en que construimos nuestros imaginarios de deseo.
Supongo que eso que dices del “deseo del otro” o “al otro” tiene que ver con esa pérdida de la consideración de las personas a las que deseamos como sujetos completos y complejos, y que más bien se centre en ellas como “objetos de deseo o admiración”, imágenes idealizadas de las cosas que nos excitan.
Pregunta 5. En este sentido, ¿Crees que podemos hablar de una “nueva forma de seducción”?
Ni siquiera lo llamaría seducción. Diría que es un nuevo proceso de conformación del deseo en base a la construcción de mercados relacionales en los que competimos por la atención de las demás personas en base a unas reglas nuevas, las de la apariencia, el saber describirse y el saber tomarse fotos; es decir, el saber presentarse como sujeto (u objeto) deseable en la red, en vez de como sujeto deseante.
Pregunta 6. En una encuesta que he realizado en redes sociales para mi TFG, 455 personas que se consideraban como parte del colectivo LGBT declararon sentirse más seguras ante agresiones cuando conocen a gente en internet. ¿Crees que, efectivamente, estas aplicaciones pueden facilitar las relaciones entre minorías sexuales que se puedan sentir más desprotegidas en su día a día?
Si, definitivamente la red y los entornos de interacción virtual suelen ser mucho más seguros para las personas con orientaciones sexuales no heteronormativas. Creo que el principal motivo es que los espacios de interacción presencial están construidos de acuerdo a modelos culturales que excluyen a estas personas, cuando no son abiertamente opresivos hacia ellas y sus opciones. Por eso, al crear un entorno nuevo con otras reglas, todas estas opresiones que de algún modo estaban embebidas en la sociedad se debilitan, junto con sus mecanismos para hacerse cumplir… La imposibilidad de reprimir físicamente a una persona en la red o de perseguirla y estigmatizarla es menos en espacios digitales.
Por otro lado, si la sociedad fuera más abierta e inclusiva no creo que existiera tal diferencia. No hay nada explícitamente presente en los entornos digitales que los haga más abiertos e inclusivos. Es simplemente que permiten escapar de las opresiones tradicionales. Por contra, también permiten crear otras nuevas, y en determinadas condiciones estos entornos también pueden funcionar como medios de bullying y acoso a personas diferentes.
Pregunta 7. ¿Consideras que los mecanismos que facilitan las aplicaciones de citas eliminan o suavizan los roles de género o simplemente los reproducen en un medio distinto?
En un estudio que hicimos en 2018 (Factores de socialización digital juvenil, publicado por la FAD), la mayoría de los/as expertos/as consultados coincidían en que la mayoría de las redes reproducían y reforzaban los estereotipos de género, especialmente el de la representación de la mujer como objeto de deseo.
En las páginas de citas, creo que esto se refuerza aún más, especialmente porque es del interés de los administradores que las mujeres sean objetos de deseo para estimular la participación de los hombres; asimismo, también les interesa que los hombres pasen también a representarse como objetos de deseo (algo poco usual en la cultura patriarcal clásica) para estimular su “consumo” por parte de las mujeres. E incluso les interesa normalizar las relaciones no heteronormativas para explotarlas también en su capacidad de estimular el uso de su aplicación. El deseo es, en este sentido, el material que explotan estas aplicaciones, por eso modifican los patrones por los cuáles se expresa, para hacerlos más abiertos… lo cual tiene un aspecto positivos.
Por por otro lado, la apertura a la expresión del deseo viene también acompañada de un proceso de orientación de hacia el modo en que se expresa. En resumen, se rompen algunos estereotipos y roles de género clásicos, pero se crean otros, por lo que no hay una verdadera liberación de los estereotipos de género, sino todo lo contrario.
En el estudio citado también descubrimos que las redes que estimulan más el texto y el hipervínculo sobre la imagen (como Twitter) son las únicas que sí pueden tener un impacto positivo sobre la ruptura de los estereotipos, al ofrecer a las personas un modo más fluido, más rico y más performativo de expresar quienes son, lo que les interesa y lo que quieren.





1. Imagínese que tengo una StartUp, y quiero dominar el mundo, qué cinco consejos me daría, ¿qué cinco cosas debo hacer?
Entrevista sobre las Apps deportivas y wearables
Las apps de deporte llevan mucho tiempo en el mercado, se han utilizado como una forma de estimular la práctica deportiva permitiendo a los usuarios medir su progreso y mejorarlo, especialmente cuando son deportistas amateurs o profesionales. Introducen en la práctica popular del deporte y el ejercicio físico (no son lo mismo, el deporte implica juego o competición con reglas) la inquietud por “medir” y mejorar el rendimiento, trasladando la lógica de la eficacia y la competitividad a prácticas que antes podían ser de carácter más social o lúdico.
Al permitir compartir resultados en comunidades digitales promueven esa lógica de la comparación y la competición creando espacios donde el ejercicio físico individual (como correr – técnicamente no es deporte si no hay unas reglas) se “gamifica”, es decir se convierte en un juego que estimula el “engagement”. Hoy en día, las tecnologías digitales se utilizan para introducir esta gamificación en muchas actividades, como por ejemplo, aprender idiomas con duolingo, o en las redes sociales cuando competimos por el número de likes: son estrategias comerciales (y a veces laborales) para estimular la implicación de las personas.
No creo que haya convertido la práctica del ejercicio físico en un fenómeno de validación social, porque la gente hace ejercicio por muchas razones, principalmente por salud; pero sí ha creado espacios gamificados donde la validación social estimula la práctica.
El mismo perfil que tiende a dinámicas competitivas de medición del rendimiento: jóvenes, entre 18 y 35 años, varones, y de clase social y nivel educativo medio-alto.
Introduce una motivación extrínseca al propio deporte o ejercicio, aunque también se puede convertir en una motivación en sí misma, cuando el objetivo no es tanto disfrutar de la práctica sino mejorar el rendimiento, con esta lógica de la gamificación y la cuantificación.
No lo creo, pues después de todo la exposición digital es una inclusión voluntaria, estas apps no están tan difundidas que no usarlas implica una condición de exclusión. Al menos hasta donde yo sé.
Bueno, la imagen y la salud tienen una clara coincidencia… ya lo decía Platón, que la belleza se puede lograr por la vía sana del deporte o la vía insana de la cosmética. El problema es cuando la imagen es el objetivo principal y eso puede llegar a dañar la salud. Sin embargo, los estudios muestran que cuando no hay motivación intrínseca (gusto por la propia práctica) se tiende a perder el interés con el tiempo.
De ahí que al transformar el running en un juego, las apps puedan ayudar a mantener más la práctica hasta alcanzar esa motivación intríseca.
Ah, aquí te estás refiriendo más al hecho de compartir los resultado en redes sociales, ¿verdad? Las comunidades digitales que crean estas apps suelen ser espacios acotados, donde solo interactúan los que están implicados en ellas, por lo que no dan “fama” en un sentido más amplio y general. Puede ser que estas apps hayan llegado a crecer tanto que se sienta esa sensación de fama, pero es difícil que lleguen a ser algo extensible a toda la sociedad.
Otra cosa es que sus resultados se compartan en redes sociales con lo que se convierten en parte de la identidad social de las personas, en un activo (un capital) que les sirve para presentarse como más deseables y con mayor estatus.
Aquí, si se busca una explicación, está en la propia dinámica de la gamificación y de la exposición pública en redes sociales.
No más de los que hay en las redes sociales, con casos que pueden llegar a ser graves y peligrosos como los retos virales o las plataformas que promueven prácticas arriesgadas a cambio de dinero.
Por el contrario, el elemento deportivo y de ejercicio físico introduce un elemento positivo que reduce muchos de estos peligros. Esto tiene que ver con los valores positivos del deporte y el ejercicio, ligados al contacto con el cuerpo, la disciplina, el modo en que facilita la expresión emocional, da seguridad, etc.
Hay un aspecto de oportunidad comercial promovida por estas apps y las marcas que se anuncian en ellas impulsando este tipo de clubs. El running como actividad también representa un nicho de mercado que hay marcas dispuestas a explotar.
Es ambas cosas, hay una necesidad social muy clara por el ejercicio físico, y el running es una actividad saludable y positiva (salvo extremos); y también hay una extensión promovida por las marcas y las apps.
¿Te refieres a running clubs que se encuentran presencialmente para correr en grupo? En ese caso si, por supuesto. Ya solo el hecho de que la gente se encuentre (sobre todo si no se conocían antes) y hagan una actividad colectiva es una necesidad social relevante en una sociedad cada vez más individualista y aislada. No conozco en profundidad la realidad de estos clubs, pero al ser una actividad presencial asociativa las dinámicas tienen por fuerza que ser diferentes a las que se producen en entornos digitales donde operan otros códigos, algunos de los cuales están limitados por el propio medio. Por ejemplo, en un entorno digital para existir tienes que publicar o comunicar de forma explícita, mientras que en un entorno presencial solo estar con el grupo ya produce integración y participación, aunque no hagas nada. Por eso la interacción presencial facilita la inclusión pasiva, la sociabilidad (no individualizada), y hace más costosas las actitudes competitivas o agresivas. La interacción digital por el contrario, facilita la expresión individual, lo que a algunas personas les ayuda a “soltarse”, y a otras a convertirse a expresarse de forma agresiva (los famosos trolls de internet).
En general, veo una tendencia positiva en la existencia de estos clubs y un potencial en el uso de las apps para promoverlos, aunque si sus dinámicas dependen demasiado del interés comercial de las apps pueden surgir tendencias no tan positivas, como sucede con otro tipo de apps, como las de citas o las propias redes sociales.