Por Javier de Rivera
Una de las características más comunes de las redes sociales es la opción de decir “me gusta”. En Facebook fue uno de los elementos más populares desde el principio, en Instagram también es el principal forma de interacción, y en Twitter recientemente han cambiado los FAVs por Corazones, que están más en sintonía con la idea de que algo “me gusta”.
La evolución de esta función en Twitter es especialmente interesante. En 2009 y 2010, de cuando son mis primeros recuerdos de esta red, el uso más común del FAV era para archivar links o informaciones que queríamos guardar, siguiendo un poco la misma lógica que el “Favoritos” de Internet Explorer. La lista de Favs eran cosas que querías tener presentes, más que una señal de que algo te gustaba. La aprobación realmente se mostraba con un Retweet, que además premia al mensaje con una mayor difusión.



Identidad, representación y esencias en las comunicación on-off line
Por Javier de Rivera
Este post viene en respueta al comentario de Ariel Markdof en el post: Las redes sociales y el contacto emocional
Identidad: representación y esencias
Javier de Rivera: “cuando nos mostramos e interactuamos en las redes sociales entramos en un juego de representaciones, de interacciones mediadas por representaciones abstractas de quienes somos”
Ariel Markdof: ¿Se diferencia tan tajantemente de lo que sucede en los contactos cara a cara? Creo que la identidad no es nunca una esencia fija, sino que asumimos siempre un tipo de representación según el contexto y los condicionamientos psicológicos, históricos, sociales, etc., que está en constante cambio y fluidez. No hay un acceso directo al otro ni a uno mismo. Solo representaciones.
La respuesta más rápida es que en la comunicación mediada por la tecnología todo tiene que ser traducido en términos culturales -texto, imagen, vídeo, etc- mientras que en el cara a cara, la profundidad de lo que se transmite es infinitamente más compleja, pues en el contacto directo el cuerpo emite un montón de señales que no pueden ser codificadas: el olor, la vibración del tono de voz o la respiración, la posibilidad de tocar, etc. Esos elementos están más allá de las representaciones porque nos transmiten información inconsciente que nos afecta de una forma mucho más sutil y directa que el texto o las palabras concretas. Junto con ello, la experiencia de compartir el mismo espacio implica una serie se sensaciones y respuestas emocionales que no existen con la misma intensidad en la comunicación mediada.
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