Nativos digitales

En otra de las entrevistas podemos escuchar a Marc Prensky, “escritor y educador” que inventó el término de “nativos digitales” para referirse a los jóvenes nacidos después de la popularización de internet y que se contrapone a los “inmigrantes digitales” nacidos con anterioridad. Resulta curioso analizar la metáfora detrás de este tropo en el que se intercambia los conceptos de espacio y tiempo. Nativos e inmigrantes son concepto relativos a la relación con un territorio, con un lugar. Lo que Prensky hace cuando aplica estos conceptos a las generaciones es “territorializar” el tiempo, o mejor dicho, la historia. Nativos e inmigrantes también son conceptos políticos y, en parte, jurídicos, pues se refieren al principio de legitimidad para habitar un determinado territorio, que se le supone al nativo pero que debe ser defendido o demostrado por el inmigrante. Al territorializar el tiempo, el término convierte a los adultos en “extranjeros de su propio tiempo”, despojándoles de la legitimidad para cuestionar el curso de la historia y del progreso tecnológico; mientras que se alaba a los jóvenes por su “naturalidad” con la tecnología, es decir, por su facilidad para naturalizar el progreso tecnológico debido a su falta de perspectiva histórica.

Los niños nacidos a partir de un momento determinado han crecido en una era en la que todas estas cosas ya existían, por lo cual no pensaron “esto es nuevo”, sino “esto es el mundo”. Sus actitudes son muy diferentes en aspectos muy fundamentales, un buen ejemplo de ello es la privacidad. Los jóvenes suelen estar dispuestos a renunciar a cambio de un mayor alcance, o por libertad, o por algo que sea útil para ellos.

De este modo, se naturaliza la actitud de renuncia a la privacidad a cambio de tener más “libertad” para usar los servicios digitales ofrecidos por las grandes corporaciones, lo cual se presenta como una evolución social, “es el futuro”. Se oculta asi la agencia de los productores de tecnología, haciendo que la pérdida de privacidad parezca una decisión de los jóvenes. En contra de esta idea, algunos investigadore señalan que sí existe en los adolescentes esa preocupación por la privacidad, como hace danna boyd en It’s Complicated. Sin embargo, Prensky -que más que investigador, es un “pensador” o un ideólogo- insiste en recurrir a los problemas de la juventud como excusa para promocionar una determinada vision de “el futuro”.

Es una cuestión interesante plantearse qué tienen que estudiar los niños para estar preparados para el futuro. Lo que no tienen que estudiar son las matemáticas, lenguas, ciencias sociales o ciencias naturales que hemos enseñado en el pasado, porque casi todas estas cosas están en Internet. Cada alumno necesita una determinada cantidad de cada materia. No todos necesitan saber todas las matemáticas, ni todos necesitan saber toda la historia. Son necesidades muy individuales.

La atomización de los itinerarios de aprendizaje generará una sociedad más desestructurada y menos cohesionada. La idea de que no todos necesitan saber historia o matemáticas resulta especialmente productiva desde el punto de vista de la diferenciación social. Si generamos diferentes itinerarios educativos desde jóvenes, naturalizaremos y justificaremos con mucha más facilidad las diferencias sociales.

En la educación el papel del profesor está cambiando radicalmente. … Lo que hace falta ahora es una figura que refuerce. Los niños empiezan a darse cuenta de su poder en el mundo, a través de su conocimiento, de sus dispositivos, de la tecnología. Y una de las cosas que no estamos haciendo bien a día de hoy es reforzar a los niños, que tienen ya mucho poder, para que logren hacer grandes cosas y creen un mundo mejor mientras sigan siendo estudiantes. El resultado es que se convierten en personas que por el resto de su vida saben que pueden hacer un mundo mejor y saben cómo hacerlo, porque habrán tenido una educación que les enseñó eso mismo.

Con la digitalización no solo está cambiando el papel del profesor, sino de casi todos los profesionales, que se convierten en meros operarios de procesos informatizados que les preceden y gobiernan toda su actividad. El profesor, en vez de ser un maestro que inspira y transmite conocimiento, se plantea como una especie de ayudante de la tecnología, un asistente a experiencias de aprendizaje prediseñadas en base a criterios tecnocráticos.

Sin embargo, en vez de fijarnos en la pérdida de estatus de los profesionales educativos, se alaba el poder de las tecnologías para “empoderar” a los niños a que “hagan un mundo mejor” a través de la producción de nuevas aplicaciones; es el solucionismo tecnológico en acción para cambiar aún más el modo en que nos relacionamos y regulamos la sociedad. En el vídeo, Prensky cita el ejemplo de una aplicación para valorar a los policías como forma de mejorar su atención al ciudadano. No se nos ocurre ya la posibilidad de mejorar la cultura cívica de ciudadanos y fuerzas de seguridad a través de la educación, lo que se plantean son medidas de control descentralizado del desempeño que, como se ha demostrado en numerosas ocasiones, tienden a ocasionar fallos y efectos perversos.

Soy optimista respecto al futuro y respecto a los niños porque … yo les veo, veo lo que desean hacer, lo que pueden hacer, lo que son capaces de hacer. Ya que podemos hacer que las cosas sean cada vez más baratas, más asequibles, más accesibles para todos, que estemos todos conectados. Este podría ser un mundo muy muy positivo.

La positividad no puede faltar en ningún discurso futurista y tecnófilo, aunque cabría preguntarse a qué tipo de niños se refiere Prensky: si es a los hijos de clases altas estadounidenses en los que probablemente está basada su teoría, o a los hijos de los deseheredados que trabajan en otros lugares para producir cosas cada vez más baratas… He ahí la mentira del mito de la abundancia económica y tecnológica: todos los procesos de producción conllevan costes importantes tanto ecológicos como sociales: alguien tiene que trabajar para llegar a esa abundancia en que “estemos todos conectados” y seamos felices.

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  1. […] por la visibilidad. No creo que sea una construcción social de estas generaciones sino la consecuencia del desarrollo de las industrias tecnológicas (industrias del yo, como las denomina Remedios […]

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